Ríos y ciudades: ¿es posible la recuperación de los ríos urbanos? Algunas reflexiones a partir de las intervenciones en el río Manzanares en Madrid

CIREF • Miércoles, 1 de Marzo de 2017

El pasado lunes 20 de febrero de 2017, el Ayuntamiento de Madrid realizó un acto de presentación del proyecto de renaturalización del río Manzanares a su paso por la ciudad de Madrid. En ese mismo acto, la Confederación Hidrográfica del Tajo presentó el proyecto de restauración fluvial que se está llevando a cabo aguas arriba del tramo urbano, en el entorno del Monte de El Pardo. Ambas intervenciones abren un nuevo y esperanzador escenario para el muy degradado río Manzanares, y alimentan el debate sobre las alternativas de gestión más idóneas para los ríos urbanos. En el debate posterior a la presentación surgieron preguntas que pueden extenderse a la práctica totalidad de los ríos urbanos ibéricos: ¿Qué se puede pedir de la interacción entre ríos y ciudades en las próximas décadas? ¿Qué es un río urbano restaurado/recuperado? ¿Ha llegado el momento de pedir un cambio de paradigma similar al que ya se ha planteado y desarrollado en ambientes no urbanos?

En la ciudad de Madrid, el río Manzanares sirve como ejemplo del progresivo y continuado maltrato que han sufrido muchos otros ríos urbanos y peri-urbanos. Desde las canalizaciones realizadas inicialmente en el primer tercio del siglo XX, y hasta nuestros días, el Manzanares fue siendo rectificado, dragado, contaminado, ocupado y olvidado a lo largo de las últimas décadas, al albur del continuo crecimiento de la ciudad, cuyo insaciable desarrollo fagocitó –o alteró hasta el extremo– la red fluvial previamente existente. Durante las últimas décadas, el río Manzanares sufrió un incremento de su empobrecimiento estructural y funcional, mediante nuevas canalizaciones y un sistema de compuertas creado para proveer a la ciudad de un conjunto permanente de láminas de agua (coloreadas con patos azulones) en un entorno tan gris como el que aportaba una autovía de circunvalación corriendo paralela al río a lo largo de sus dos márgenes. El soterramiento de la autovía y la creación de un enorme parque urbano retiró, a comienzos de este siglo, ciertas presiones sobre el río (a costa de incrementar otras), pero apenas modificó lo que ocurría entre los muros encauzadores del río.

En 2016 y 2017, el Ayuntamiento de Madrid, recogiendo las peticiones de diversas organizaciones conservacionistas y vecinales, procedió a la apertura progresiva de las compuertas reguladoras. El primer efecto de esta apertura fue la reducción de la artificial profundidad del río represado (próxima o superior a los 2 metros), y la recuperación, después de décadas de completa inmovilidad, de un cierto movimiento de los sedimentos – y de determinadas especies de fauna y flora asociada a ellos. La formación de islas y barras a lo largo del tramo urbano, y su rápida colonización por vegetación natural, ha acelerado el cambio del paisaje fluvial, y la discusión sobre las medidas óptimas para su progresiva renaturalización. El Ayuntamiento planea, en este momento, la creación de taludes verdes en tramos cubiertos por escolleras, la plantación de ejemplares de especies ribereñas en la parte alta de dichos taludes, y algunas otras medidas de tipo paisajístico o ambiental (como la creación de una escala para peces en una sección concreta, la reintroducción de ejemplares de ictiofauna autóctona, o la creación de un centro de reproducción piscícola, entre otras). Sin embargo, el río sigue y seguirá discurriendo entre dos paredones de granito y hormigón, continuará estando alimentado por aguas residuales con mayor o menor nivel de depuración, y no podrá permitirse el lujo de sustentar ninguna formación vegetal de gran porte que pueda reducir la capacidad de desagüe de las secciones actuales. El presupuesto de la primera fase de la renaturalización ronda los 1,2 millones de euros, y su plazo de ejecución es de 9 meses, para un primer tramo de 1,3 km entre el Puente de los Franceses y el Puente de la Reina Victoria.

Desarrollo de barras e islas vegetadas en el tramo urbano del río Manzanares en Madrid, tras la apertura de las compuertas que regulaban el caudal del río. La imagen fue tomada en enero de 2017. (Fuente: F. Magdaleno).

Por su parte, el proyecto de restauración que está en fase de ejecución aguas arriba de la ciudad, en el entorno de El Pardo, contempla la mejora hidrológica, geomorfológica y ecológica del río, así como la ampliación de las oportunidades recreativas para los miles de visitantes que lo recorren cada semana. Se trata de un proyecto ya redactado y cuya fase de ejecución ha comenzado el pasado mes de enero de 2017, con un presupuesto próximo a los 2 millones de euros, y un plazo de desarrollo de 3 años – bajo la coordinación de la Confederación Hidrográfica del Tajo y el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente. Este proyecto puede favorecer una dinámica de caudales y sedimentos algo más natural en el río, que contribuya a un mejor funcionamiento del tramo urbano, pero aun así con muchas limitaciones por las características del diseño urbano.

El debate sobre la idoneidad de estas actuaciones y sobre el camino que deben llevar en el futuro es plenamente extrapolable a lo realizado en ciudades como Barcelona (río Llobregat), Pamplona (río Arga), Sevilla (río Guadalquivir), Toledo (río Tajo), Valencia (río Turia) y Vitoria (río Zadorra), por citar solo algunas. La lista podría también ampliarse a otras muchas como Cuenca, León, Murcia o Zaragoza.

Antiguo cauce del río Turia en Valencia, hoy enteramente transformado en zonas verdes y de equipamiento como parte de los “Jardines del Turia” (Fuente: A. Ojgaard). El río ha sido desviado en su totalidad por el exterior de la ciudad.

Vista parcial del tramo urbano del río Arga en Pamplona, protagonizado por el Parque Fluvial del Arga, donde se ha intentado conciliar un amplio rango de objetivos ambientales, hidrológicos y sociales (Fuente: Ayuntamiento de Pamplona).

En todas ellas cabe sugerir la necesidad de avanzar o consolidar planteamientos que recuperen, dentro de los múltiples condicionantes que pueden presentar esos tramos fluviales, las características propias de la dinámica fluvial. Las ciudades pueden tener, y necesitan tener, ríos vivos, ríos con agua, con sedimentos y con vegetación, que acojan especies de fauna acuática y ribereña, y que proporcionen servicios ambientales a la ciudadanía. Un río urbano vivo se convierte, a la vista de las experiencias ya acumuladas en el ámbito nacional e internacional, en un lugar de referencia para la ciudad, en un paisaje que de inmediato hacen suyo los ciudadanos, y en una garantía de bienestar. Los condicionantes son muchos, como ya se ha mencionado, y eso obliga a que las Corporaciones locales y los Organismos de cuenca desarrollen una gestión flexible y continuada, capaz de adaptarse a la evolución del río y a las presiones humanas que soporta. Y al tiempo, requiere el establecimiento de programas permanentes de divulgación y sensibilización sobre los valores y ventajas de los ríos urbanos recuperados.

No obstante, las preguntas e incertidumbres son muchas y muy variadas. ¿Qué dinámica fluvial se debe favorecer en ríos que están encauzados y que cuentan con un espacio muy limitado? ¿Cómo se puede conciliar la devolución de procesos fluviales con la búsqueda de una elevada seguridad en cuanto al riesgo de inundación? ¿Qué tipo de paisajes fluviales quiere la ciudadanía y cuáles deben promover las administraciones competentes en su gestión? ¿Cómo se deben manejar los ríos aguas arriba y aguas abajo de la ciudad para que el funcionamiento del tramo urbano sea óptimo?

Lo que sí parece claro es que, después de décadas de olvido, es preciso devolver a los ríos al lugar que merecen dentro de las ciudades…y no apartarlos mediante baipases que eliminen cualquier vestigio fluvial en la ciudad, mediante entubamientos, o mediante duros encauzamientos ajenos a los horizontes urbanos. Las soluciones posibles son muchas, y muy variadas en cuanto a presupuesto, mantenimiento y atractivo social. Pero quedan ya pocas excusas para no trabajar en la mejora socio-ambiental de los ríos urbanos, de una manera decidida, comprometida con las normativas europeas, y propia de países plenamente desarrollados.

¿Ciudades sin ríos vivos? No, gracias! Hay que dejarles fluir.


Área temática: restauración fluvial
Etiquetas: ríos urbanos, renaturalización, ciudad
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