Parece un simple charco, un charco grande en mitad de un campo de cebada.
A cualquiera que pase por la carretera de Villarrubia de los Ojos (Ciudad Real)
a Daimiel sin conocer la apasionante y triste historia de La Mancha Húmeda no le
parecerá más que eso. Apenas le llamará la atención. Sin embargo, ese charco es
la prueba de la espectacular recuperación del acuífero del alto Guadiana por las
lluvias de los dos últimos años. Ese charco es un nuevo ojo del Guadiana, el primero
desde que, en 1984, el agua dejó de manar tras décadas de sobreexplotación.
Puede que no dure más que unos meses, y es más que probable que el agua no llegue
a correr cauce abajo, pero da esperanza de recuperar un ecosistema único y castigado durante más de medio siglo.