Los dragados y la solución al problema de las inundaciones

Camino Jaso • Lunes, 29 de Octubre de 2012

La nota exponía, en resumen, que el argumento generalizado para dragar y limpiar los cauces es que los ríos “están sucios”. Durante años,  las diversas administraciones   han  ido ejecutando o autorizando actuaciones que bajo el pretexto, lógico y loable, de proteger bienes y personas ante episodios de inundación, han supuesto frecuentemente “bien para hoy mal para mañana”, además de una importante afección ambiental en los ecosistemas acuáticos y ribereños. Además de los efectos negativos sobre estos sistemas naturales tan valiosos y que tantos servicios nos aportan,  inciden en la circulación de los sedimentos y se ven alterados localmente todos los procesos de erosión y sedimentación. Por otro lado, los cúmulos de gravas, además de indispensables para un equilibrio morfodinámico de los cauces,  son los lugares en los que las comunidades de plantas colonizadoras se instalan contribuyendo al mantenimiento de la biodiversidad, además de ser importantes zonas para la freza de peces y refugio para otras especies de fauna. Plantas que además, más adelante, pueden contribuir a facilitar la infiltración de las aguas disminuyendo los efectos de las inundaciones.

El dragado del río tiene un efecto perverso al aumentar a corto plazo la capacidad de desagüe del río, cosa que tranquiliza a las poblaciones ribereñas, sin exigir un cambio en la ordenación territorial de los municipios potencialmente afectados. Hay que tener en cuenta las verdaderas afecciones sociales y ambientales de estas prácticas de gestión: La ocupación de las márgenes fluviales se consolida e incluso aumenta, se crea una falsa seguridad en la protección de bienes humanos y materiales, se destruyen hábitats prioritarios, y se camina en sentido contrario a las exigencias normativas europeas y al consenso científico en lo relacionado con la gestión ambiental y territorial de las zonas inundables.

Por ello,  los dragados se han convertido en un recurso fácil y popular.   Afortunadamente cada vez hay una mayor demanda ciudadana que exige el buen estado de los ríos y que solicita a los gestores que busquen soluciones sostenibles al problema de las inundaciones.
La Directiva europea relativa a la evaluación y gestión de los riesgos de inundación (2007/60/CE) establece desde el año 2007 la forma en que las administraciones deben de trabajar para evitar los daños producidos por las inundaciones, ya sean estos en forma de pérdidas de millones de euros o de vidas humanas. Esta directiva advierte de que “las inundaciones son fenómenos naturales que no pueden evitarse”: no son las inundaciones lo que debemos evitar sino los daños causados por ellas. Para ello, establece que debe de trabajarse en tres líneas: la prevención, evitando por ejemplo construir en zonas inundables, la preparación mediante instrucciones a los habitantes sobre el comportamiento que deben seguir en caso de inundación y la protección para lo que propone “dar mas espacio a los ríos (…) mediante el mantenimiento o restablecimiento de llanuras aluviales”.

Hemos construido hasta las mismas orillas, cosechado hasta el último metro cuadrado y cada vez que el río hace lo que tiene que hacer, que no es otra cosa que inundar sus llanuras, nos echamos las manos a la cabeza, gastamos cientos de miles de euros de dinero público y destrozamos el río un poco más. No es el río pues el que nos inunda. Somos nosotros los que lo ocupamos unos años atrás y hoy, no hace más que reivindicar su espacio.
Afortunadamente, en este sinsentido que ha sido -hasta fechas recientes-  la gestión fluvial actual, aparecen pequeños atisbos de luz que esperemos se conviertan en líneas de trabajo que respeten nuestros ríos devolviéndoles lo que es suyo. Valgan como ejemplo las actuaciones que se están haciendo en los tramos bajos del Arga y el Aragón con  eliminación o rebaje de motas y  recuperación de espacios para el río en las zonas donde la inundación es compatible con los usos de la vega para evitar inundaciones en zonas urbanas o de usos más vulnerables.

Camino Jaso León                                                            25 de Octubre del 2012

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